Cuando enseño EN, ¿enseño un tipo diferente de lengua?

Algunos profesores que se enfrentan por primera vez a la enseñanza del EN se cuestionan sus capacidades porque consideran que el desconocimiento de la terminología técnica les imposibilita para ello. Este miedo tiene su origen en la antigua (¿?) creencia de que la comunicación  profesional se opone a la general en un plano únicamente terminológico. Al inicio tenía ese pánico, pero ahora veo las cosas dee una forma diferente. Creo

1) que el objetivo del profesor no es enseñar una lengua diferente, sino una forma de comunicarse, para la cual se utilizan prácticamente todos los mismos elementos lingüísticos que en la comunicación para fines generales, y que sólo cambia el uso que se hace de ellos para realizar las tareas profesionales que el trabaj demanda;

2) que la terminología es uno de los rasgos distintivos de los discursos profesionales, pero no el único, y mucho menos, el que crea que más debe inquietar al profesor (los ejercicios suelen ser los mismos que con el vocabulario general: es sólo una cuestión de saber cuáles son más útiles); y

3) que la diferencia más importante con la comunicación no profesional es, según mi opinión, la existencia de géneros textuales propios (reunión de trabajo, negociación profesional, presentación informativa, carta de venta,…), y una determinada concepción de  la realidad que se incorpora a la comunicación (disciplina fuente). Estos géneros son la forma de organizar retóricamente el discurso para alcanzar los fines laborales de la mejor forma posible.

Esto es lo que dice la Enciclopedia Routledge de Enseñanza y Aprendizaje de Lenguas:

However, any LSP [Lenguas para Fines Específicos] utilises the same system or code as the Language for General Purposes (LGP). It can be argued that ‘general language’ does not in fact exist. The same stock of syntactic and morphological patterns, the same phonological system and most of the vocabulary of a language are found across the spectrum of work, study, leisure and survival. What is different in each situation is the terminology, the conceptual structure and the rhetorical organisation of the communication. Each situation has its preferred forms of communication (genres)and within these there may be niceties of style, deriving from regional variation, from the purpose of the communication, and from the relationship between producer and receiver. For example, business letters for use in Asian countries may differ stylistically from those used in Europe and North America although their purpose is the same” (pp.: 339).

Creo que cuando se enseñanza EN, no se enseña un tipo diferente de lengua. Pienso, más bien, que, se enseña una variación de la lengua general; una variación de la lengua tal y como se usa en un contexto concreto (prácticas comerciales en el trabajo); se enseña un tipo de discurso que se caracteriza especialmente por la existencia de términos técnicos que vehiculan una concepción de la realidad, y por el uso de géneros concretos (informe, entrevista de venta, presentación oral, email informativo,…).

Cuando les he enseñado a mis alumnos a realizar una presentación oral en un contexto comercial, me he dado cuenta de que les he enseñado fundamentalmente unos elementos lingüísticos que también se encontraban en la comunicación no-profesional (fonemas, vocabulario, conectores, sintaxis, combinaciones léxicas,…). La verdadera diferencia se encontraba en el nivel pragmático, pues todos estos elementos había que ordenarlos para comunicarse adecuadamente en el trabajo por medio de una presentación.

En cuanto al conocimiento de la lengua, creo que lo más importante es saber lidiar con la terminología (¡y no aprenderse el diccionario terminológico de memoria!), y algo sobre la comunicación en los negocios. En este último caso, si se corre la suerte de contar con un alumno experimentado, esto ayudará porque aquel ya sabe cómo comunicarse en el trabajo. Y si no tiene experiencia, hay algunos libros muy útiles que te enseñarán cosas básicas sobre la comunicación comercial.

Por lo que se refiere a la integración de la disciplina fuente (los negocios y la práctica comercial), tampoco hay motivo para el pánico, ya que los alumnos son profesionales o están adquiriendo en paralelo esos conocimientos. Y si no los poseen en el momento del aula, se puede substituir esa disciplina fuente por otra más cercana, pero preservando los géneros comerciales.

Cuando se conoce qué tipo de presentaciones realizan tus alumnos o cuáles son frecuentes en el mundo de los negocios, entonces profesor y alumno pueden tomar decisiones acertadas sobre qué elementos de la lengua priorizar y cómo organizarlos en un texto. Ellos contribuyen con el conocimiento sobre cómo se utiliza la lengua en los negocios (¿cómo se hace y qué necesito para hacer una presentación oral profesional?), y tel profesor les das los elementos lingüísticos y discursivos del español (léxico, gramática, actos de habla, elementos paralingüísticos, códigos no verbales, cohesionadores, focalizadores,…). También les da alguna indicación cultural (¿existe alguna variación transcultural?). Pienbso que la labor es la de facilitador; la de ayudante; la de asistente.

¿Y la terminología? La competencia terminológica es un aspecto al que hay que darle la importancia justa. En cualquier caso, su presencia no puede justificar la defensa de una lengua opuesta a la general. Es sólo una característica propia de la comunicación entre profesionales. Creo que nuestro compromiso como profesores debe dirigirse más a los eventos comunicativos y los géneros profesionales que a la terminología, pues somos de más utilidad para nuestros alumnos ayudándoles a comunicarse que ayudándoles a aprender términos. (No estoy diciendo con ello que crea que no hay que enseñar terminología. Lo que quiero decir que es esta que no se puede llevar la gran parte del tiempo, y que me parece prioritario formar al alumno para que la aprenda de forma autónoma).

Esta cita de Lerat me encanta: “Una lengua especializada no se reduce a una terminología: utiliza denominaciones especializadas (términos) y también los símbolos no lingüísticos en enunciados que utilizan los recursos ordinarios de una lengua concreta” (pp. 18).

Desde un punto de vista didáctico existen estrategias que permiten enseñar la terminología sin caminar sobre arenas movedizas. Además, nadie espera que el profesor de EN conozca la terminología de las disciplinas económicas, porque, ¿realmente hay algún profesor que sepa la terminología de la banca, del marketing, de las finanzas o de la macroeconomía? ¡Es imposible! Yo veo que, al final, a lo que hay que dedicar más esfuerzo es al léxico común de los negocios (dependiente, contrato, formulario,…).

Yo, personalmente, no creo que en un curso de EN en una escuela de negocios con alumnos no profesionales/no experimentados haya que hincharles a repetorios léxicos sectoriales (marketing, finanzas, RRHH, banca,…), sin saber a qué especialidad en concreto se van a dedicar. Creo que hay que enseñarles un vocabulario común a los negocios, y darles estrategias de estudio autónomo para cuando se vean enfrentados a la necesidad de adquirir ese vocabulario sectorial en el futuro. Pienso que en el caso de los profesionales, el profesor no es el que debe explicar los conceptos: el alumno ya los sabe.  Creo que el profesor sólo debe crear los ejercicios para que el alumno asocie ese concepto que ya conoce con el término en español. Creo que en la enseñanza general, ni en la enseñanza con fines específicos, el profesor es un diccionario. Y muchos menos un diccionario terminológico.

¿Qué se dice en la bibliografía?

…/… any LSP utilises the same system or code as the Language for General Purposes (LGP). It can be argued that ‘general language’ does not in fact exist. The same stock of syntactic and morphological patterns, the same phonological system and most of the vocabulary of a language are found across the spectrum of work, study, leisure and survival. What is different in each situation is the terminology, the conceptual structure and the rhetorical organisation of the communication” (Routledge encyclopedia of language teaching and learning, 2000: 339)

Las lenguas de especialidad son variantes específicas de la lengua común cuyas características especiales en el léxico, en la morfosintaxis y en las estructuras textuales son el resultado de factores específicos de la comunicación especializada… (Schifko, 2001: 26).

Dichas lenguas [lenguas de especialidad] son una variedad funcional de la lengua común y comparten con ella algunos rasgos de carácter estructural, tales como la morfología y la sintaxis. Pero presentan además características propias debidas al número restringido de hablantes que las usan y las circunstancias específicas de comunicación en las que se emplean (Gómez de Enterría, 2001: 7).

Si deseamos caracterizar las peculiaridades del funcionamiento lingüístico del EPA [Español Profesional y Académico] de manera explicativamente adecuada, es imprescindible, en mi opinión, centrar nuestra atención en su condición de tipo de discurso o texto específico y, más concretamente, en la condición de tipos de discursos o tipos de textos diferentes de sus distintas variedades (Vera, 2007: 272).

…/… Business English differs from other varieties of ESP in that it is often a mix of specific content (relating to a particular job area or industry), and general content (relating to general ability to communicate more effectively, albeit in business situations) (Ellis y Johnson, 1994: 3).

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